martes, 6 de diciembre de 2011

Ayer

Ayer, una máquina devoró mis entrañas,
un velo de fuego cubrió
-Por diez mil instantes-
la carne que miel se hacía
en la boca rabiosa
-vertical y profunda-
de tu hambre de diosa desnuda.

Ayer, una nave atracó sobre mis orillas,
Sin que antes
navegara intensa en  las últimas olas
y montara las aguas marcianas como un buque de hormonas burbujeantes,
locas,
insanas,
que gimen,
y cierran los ojos,
y mastican con ellos la imagen asustada
de este océano titirante de placer.

Ayer, una colisión desplomó mis casas vacías
una piedra deliciosa,
de Venus,
heridas rasgó con saliva de frutas,
en los aires que circunda mis moradas de carne y osamenta vieja
tembló al derribar los miedos,
los mezcló de color rojizo
y sus perlas tocaron los poros,
los volcanes de masa pálida vibraron
y dentro de él el cosmos entero,
la vía láctea en potencia,
las estrellas más blancas y orates,
el cardumen de luces borrachas y vencidas por la gravedad de los cuerpos,
en estallido convirtió la realidad toda
sin que los alientos cesaran,
sin que las voces en gruñidos se esfumaran,
la colisión se vino

Ayer, los mundos se acercaron
se fusionó lo claro y lo obscuro
sobre esa caverna sobrevino la tempestad nerviosa
de nuevas nieves
que irrumpieron los glaciares infernales,
mutaba en melaza las sales más dérmicas,
y el grito llegó a tu puerta,
esa palabra mojada y tibia,
que hizo caer a los astros,
a todas las cosas del cielo,
a las fuerzas universales mutiladas,
para respirar desesperadamente,
-como si de un ahogado se tratara-
una última –y casi a muerte –
bocanada colérica de placer


Yeiko                                                                                              

Amo

Amo

Amo la miel que cato de tus entrañas
Su dulce aprisiona mi boca
En un manjar
Una melosa carne que se agota en mis fauces
Y acaba gimiendo cuando la amaso
Pintando de mi cristalino guache
El retrato de mi pasión sobre tu cuerpo
Amo la brisa que expide tu paladar escondido,
Esa caverna grotesca,
Esculpida por mis sueños,
Añorada por los dioses
Conocida por solo los que pudimos decir entre suspiros tu nombre.

Amo su cárnica fiereza, cómo se desdobla ante mi espada,
Cómo sus puertas ceden ante el caballero
Que viste de arma y yelmo,
Para matar de placer
Los dragones en tus adentros
Y calmar la furia
El calor
La intensa zozobra
Que aprisiona tu masa de hembra intensamente
Contra en guerrero que embiste tu guarida.

martes, 22 de noviembre de 2011

El pincel

Justo ahora me dedico a plasmar el pasado
sobre las hojas imaginarias del recuerdo
mis manos hurgan mi templo de varón
y en su carne hayan concilio
allí abajo, en el palacio de piel suave
consiguen el pincel perfecto
una pluma que sangre tiene
un pincel que vibra y caliente
que fuego y pasión mueve
y lo tomo fuerte y seguro,
está duro,
con el escribo las palabras que repetí esa tarde
con él repito las letras que suspiré en tu oído
 con él redacto miles de historia que acaban en tu boca,
con su punta dibujo invisibles surcos acá en la oscuridad,
arriba y abajo,
mis dedos acarician este obrador de mis frases lascivas,
y en tu piel concibe el recurso perpetuo
de cada letra apasionada

martes, 8 de noviembre de 2011

Dale, que nadie lo va a ver

Lo que hace muchos años comenzó como un mundo oculto, aunado a las perversiones fílmicas que buscaba era dar sano entretenimiento al adulto que soportaba la condena de una sociedad rígida, de códigos morales inflexibles y de una Iglesia más metiche que muchas mujeres que conozco. El cine porno, a pesar de las películas en blanco y negro, sin sonido y genitales peludos, se abría paso entre los comentarios a regañadientes de la gente para convertirse en lo que hoy es: una de las industrias más lucrativas del entretenimiento global. (¿Alguna duda?, introduce la palabra Porn –del español porno- en el buscador de Google y dale a Buscar). Desde los huecos en las paredes hasta Silicon Valley, en California, se han refundado la industria que produce motivos para escudriñar a los demás imitando el acto de amor…sin amor, claro. De pequeño te habrás encontrado en el cuarto de los mayores en tu casa (o donde hayas vivido) una película en Betamax o VHS, una revista con gente en pelota, o algún almanaque con un par de cosas más bonitas que las que tu mamá (con todo respeto) tenía cuando te amamantó. Todo eso pasaba mientras tu objeto de contrabando en el liceo era una imagen de un Adán o una Eva, o de ambos (según fuera tu caso), entonces ni te pasaba por la mente la idea de usar una computadora (había que tener real de verdad para ver un televisor blanco en el que aparecían unas letras feísimas, con teclado incluido) para recibir los Powerpoints inútiles con los que tus panas te saturan el correo electrónico. Ahora, con papá-Internet, todo es más papaya. Ver una teta en una computadora hoy día es más habitual que recibir mensajes de texto que terminen en TQM. Y a eso iba, gracias a la tecnificación de la transmisión de archivos y de las herramientas de comunicación e información, a Motorola se le ocurrió quitarle el cable a un teléfono para que pudiéramos llamar donde estuviéramos pero con un morral donde se guardaba la pila y el cargador, y 30 años después, es más probable que una chica deje en casa su cédula de identidad que su teléfono celular que reproduce archivos mp3 y mp4, envía mensaje de texto y multimedia, con conexión a Internet por vía WAV, juegos en lenguaje Java, cámara de 2 mega píxeles, con calendario, reconocimiento de voz, calculadora, grabadora de video y demás parafernalias que no llegará a utilizar antes de que se le dañe, se aburra de él y se compre otro mejor.

¿Y qué tiene que ver la pornografía en todo esto?, la respuesta: todo. He visto en menos de dos meses decenas de videos caseros que personas que conozco me han mostrado o me han transferido vía infrarrojo. Se dice que donde estudio hay al menos unos cinco videos en los que aparecen estudiantes no precisamente estudiando. El virus se ha prendido desde el Liceo Andrés Bello exportara para el mundo el primer video porno casero en celular venezolano, en el que se ve una niña de franela azul practicándole el oral a uno de diversificado, y que por lo menos ha visto un millón de personas en el país. Según he visto, el que graba, siempre en su mayoría, son tipos. Y a todas estas yo me pregunto. ¿En qué pensaban cuando hacía eso?, no los culpo, de pana. Mi opinión me la reservo, y créanme que no es para nada ofensiva. ¿La chama accedió así por así? ¿Existe alguien detrás de todo este movimiento porno-celular incentivando, económicamente quiero decir, la producción de este tipo de material?, yo no creo que alguien vaya a grabar su intimidad con quien sea y se los va a pasar a sus panas así, como sí nada. Pero sí eso te divierte, no tengo inconveniente…total, los videos siempre son agradecidos, y más sí vienen junto el escarmiento silencioso de la población que te conoce.

Yeiko                                                                                                            

domingo, 30 de octubre de 2011

Top 13 de las cosas que no deberías decirle a una chama después del Coito


13.- ¿Cuánto te debo?

12.- Ramón y Ricardo tenían razón: eres magnífica
.
11.- ¿María es que te llamas, no?

10.- ¿Qué si te amo? Jajajaja

9.-  ¿Segura que ya te habías bañado?

8.-  Me salió barata la salida contigo.

7.-  No quería decirte nada hasta terminar, pero el condón se rompió a medio camino.

6.-  ¡Naaaa!, no eres tan buena.

5.-  Gracias por todo, puedes irte.

4.-  Vístete rápido que viene mi esposa.

3.-  No creas que por este favor voy a darte el ascenso.

2.-  ¿Qué si quiero ser tu novio?, es que tú eres como una hermana para mi.

1.-  Ya, ¿feliz? 

Yeiko                                                                                                            

Los cincuentaypico regalos que San Nicolás nunca te traerá (por más que llores)



  1. Raquetas sin mallas para tenistas pasivos.
  2. Máquina de escribir con efecto explosivo para secretarias nazis.
  3. Torres gemelas de goma para kamikazes tercos.
  4. Prestobarba con la hojilla en vertical, para rasuradas más al ras.
  5. Sopa de letras con rayas y puntos para comensales con clave Morse.
  6. Cesión fotográfica de 12 negros frente a una pared blanca, en distintas poses, para códigos de barra de bajo presupuesto.
  7. Catapultas de bolsas de basura y perros muertos.
  8. Un lápiz Mongol con el dos volteado para gente zurda.
  9. Guantes para pies para boxeadores tullidos.
  10. Burras infladles para campesinos solitarios.
  11. Despeinador de calvos infelices.
  12. Monos lazarillos.
  13. Reloj despertador con sonidos de fosforitos, tumbarranchos,
  14. Matasuegras y trikitrakis para madrugadores bélicos.
  15. Botellas para carne.
  16. Limpiador de anime a base de gasolina.
  17. Kerosén en polvo, le echas agua y listo.
  18. Medallas de cartón para deportistas ecológicos.
  19. Una cocina dinamitada, ideal para suegras que cocinan en la casa de uno.
  20. Tanga hilo dental hechas de cuerda de piano para tecladistas eróticas.
  21. Patotas imaginarias para ayudar a los amigos imaginarios linchar a sus enemigos imaginarios.
  22. Vacuna para ganar peso, evitando defecar.
  23. Binoculares con los vidrios ahumados para espías con estilo.
  24. Placas de carro de 6 m2 para fiscales de tránsito cegatos.
  25. Pantaletas musicales, que al igual que las tarjetas de navidad, suenan al abrir las piernas.
  26. Teteros con forma de USI para bebes terroristas.
  27. Patinas con ruedas para pistas de hielo.
  28. Tabacos miniaturas para consumidores pigmeos.
  29. Páginas Web en Braille.
  30. Asientos de autobuses reclinables para adelante para pasajeros penosos o contorsionistas.
  31. Chupetas de mamón.
  32. Condones de ocho puntas.
  33. La muñeca de Roxana, que incluye las piezas siguientes: varón dudoso, botella de champagne y control remoto esterilizado.
  34. Muñeco gay de Ken que canta "I Will survive", incluye baterías, pero preferimos no decir dónde.
  35. El circo romano del Ku Klux Klan, para divertir al público con leones, negros, latinos, indios y judíos.
  36. Sillas eléctricas portátiles para ejecuciones a domicilio.
  37. Ruanas sin huecos para andinos fantasmas.
  38. Rapel y descenso vertical con alambre púa para rescatistas y montañistas faquires.
  39. Transporte escolar en bicicleta, cupo mínimo de doce estudiantes.
  40. Zapatos sin par para gente floja que no tiene una excusa para quedarse en casa.
  41. Botellones de gasolina mineral para bebidas explosivas.
  42. Cajas de regalo tamaño familiar para cumpleañeros claustrofóbicos.
  43. Piscinas con pirañas para romper records mundiales en natación.
  44. Piedra con enchufe como mascota electrónica para el tercer mundo.
  45. Guillotina miniatura como cura para el SIDA y la reducción del índice de natalidad en la China.
  46. Tratamiento de conducto para dientes sentidos de serruchos viejos.
  47. Kit de muñecas inflables gritonas y chillonas para violadores en entrenamiento.
  48. Chicas portátiles para esos momentos solitarios.
  49. Fijador a base de concreto armado, yeso, fibra de vidrio y acrílico para peinados duraderos.
  50. Pancartas chiquitas para manifestantes tímidos.

lunes, 10 de octubre de 2011

A propósito de la navidad

Es la quinta navidad de Gabrielito. Hace más de una semana, y con ayuda de su papá, había terminado su carta para el Niño Jesús. Sus peticiones eran las más convencionales: una bici y la figura de acción del momento. Esa misma noche, muy temprano, Gabrielito estaba bañadito, con su ropita nueva y sus zapatos deportivos con lucecitas en el talón, todo ello con ayuda de su mamá. Su corazón palpitaba con emoción mientras más avanzaban los minitos. Lo sentía casi estallar. Su papá saca de su maletín una caja de luces de bengala y un yesquero.
Toma, Gabrielito, ten cuidado. Estás pendiente para venir a comer
¿Dónde está Gabriel?
Allá está, agárralo.
Ay, papito, no llores.
Móntalo en el carro.
¿Dónde están las llaves?
Busca un trapo mojado.
No sé, no sé. Con agua.
Ya, ya, papito, ya vamos al doctor.
Deja eso así y termina de montarte.
Enciende el carro.
Agarra por la autopista, es más rápido.
Ahí está, donde dice emergencia.

Yeiko                                                                                                            

jueves, 6 de octubre de 2011

Nina

Nadie se ocupaba ya de Joaquín. Ningún pariente, al parecer, disponía de algún rato libre para compartir con el que en joven vida fuera un líder de los movimientos clandestinos liberales durante el régimen déspota de Pérez Jiménez. Ya carcomido por la vida, sin ninguna reserva de juventud, Joaquín yacía tumbado en la irregular e incomoda colcha que le habían dado los “niñeros de viejos” (como bien él decía) para que pasara aquí el más amargo trayecto hacia su muerte.
La habitación era estrecha y vacía, con una puerta disfrazada con pintura sobre los latones oxidados por el orín del tiempo; las paredes, todas igual de horribles, se alzaban moribundas, calientes y hediondas a cal sobre el piso de granito ya sin pulir todos los días, salvo los lunes y los jueves cuando una haitiana tosca y fea solía entrar con su ya caucásico tobo de latón con ruedas y el coleto, que no era mas que el conglomerado de viejas franelas de partidos políticos. Siempre le decía a Joaquín con su castellano mal pronunciado “no vaya a bajar, está mojado”, mientras el sólo contestaba con un evidente gesto como si con los ojos volteando le dijera: “como si tuviera ganas de bajarme, tarada”.
Él, los lunes y los jueves y los demás días cargaba sobre su pecho escuálido a Nina, una dulce criatura que compartía con él su mejor hábito: dormir. Joaquín, por los años de convivencia junto a su querida y felpuda amiga, había concluido que estos singulares felinos nacían ya viejos, pues nada más explicaba la impensada virtud de dormir al menos quince horas al día.
Lucia placida sobre el abdomen superior del anciano, daba la impresión de ser una bebita perezosa, con la respiración tenue, ligera, como si inflara burbujas invisibles cada par de segundos con su típica nariz rosa de las hembras de esta especie. Nina, cuando andaba por el suelo aparentaba ser una bestia gigantesca, realmente grande, mas, sobre el pecho de Joaquín no era, a juzgar por su peso, más que una muy acolchada almohada de suaves huesos.
Joaquín pestañeo con fuerza, como queriendo aplastar las pestañas unas contra las otras, victima del dolor que le dominaba y que quería obviar por clamor a su cuerpo y cordura. La jaqueca estaba empezando a hacer efecto sobre sus sentidos, que permanecieron virtualmente cegados por voluntad de Joaquín. Él sabia que estaba allí, pero lo quería ignorar; sabia que se alojaba como un punto pequeño y palpitante, negro además, extraviado por los laberintos más inhóspitos de la mente, pero sin querer, Joaquín bajo la guardia mientras admiraba a Nina flotando sobre la piel que recubría su esternón, y el dolor fue acercándose cada vez más al margen de su consciente, y fue abriéndose camino entre la materia gris de su cerebro hasta captar la completa atención de Joaquín y comenzar con la perturbación de su ya perturbada humanidad.
Nina se había acoplado tan bien al pecho de Joaquín, que, vencida a propósito por la dulce pereza de las monótonas tardes, se había dormido allí mismo, sin importarle nada más en el mundo, ni el hambre, ni los ratones, ni un varonil gato, ni los ruidos ciegos que llegaban por la estrecha ventana que daba hacia el transito infernal de las cuatro de la tarde en la avenida San Martín. Nina se ocupó desde entonces de permanecer inmóvil sobre Joaquín, y éste se encargo de aguantar la migraña clásica de los tiempos geriátricos.
Un corazón inmaterial palpitaba en su cabeza, un tintineo tan intenso que sobre cada punzada de dolor el rostro del viejo se fruncía delatando que estaba siendo victima de un enorme sufrimiento. Sólo mover un tanto su cuerpo implicaba el avivamiento drástico de las punzadas destrozándole el juicio, además de su estricta moral de varón fuerte, pues su orgullosa hombría estaba siendo abofeteada por cada una de las lagrimas con que con los ojos buscaba drenar la maldita sustancia que tenia dentro del cráneo, y que lo reventaba en espasmos.
La vista se colaba forzadamente entre las lágrimas que se atoraban en sus ojos entreabiertos, pero era lo suficiente para apreciar la lámpara blanca del techo y la grieta tangente a ella que atravesaba el plano de norte a sur. Luego movía preventivamente su barbilla hasta unirla al pecho para mirar como dormía Nina, entonces fue allí cuando se percató del suave ronroneo del animal, que era la chispa con que seguramente explotaba en cada respiro más dinamita dentro de su encéfalo. Desde ese momento él ya no escuchaba a la gente de la calle, ni la tos de sus vecinos, ni los cornetazos de los autos en la San Martín, si no que se dejo envolver por los nauseabundos cánticos de los sueños de Mina, por sus malditos ronroneos.
Así cupieron dos eternos siglos en un frasco de media hora, la eternidad era solamente el intervalo entre dos respiros. Permanecía Nina ronroneando, sembrando aun más profundo la semilla de sus ruidos entre las adoloridas vísceras de la jaqueca.
Los ronroneos de Nina mascaban la materia sensible de la cabeza de Joaquín, como un tripanosoma venenoso.
Hizo un enorme esfuerzo para no levantarse y quitar a Nina de un solo manotazo, y fracasó intentándolo, pues ya lo estaba haciendo.
Tomó a la criatura por el lomo y con el impulso de su cuerpo al levantarse giró velozmente su brazo derecho hacia su izquierda tirando a Nina hasta la pared más cercana, con una fuerza tal que hizo pintar de rojo el punto de impacto del animal. Seguidamente la cogió ya desplomada, y martilló con ella clavos invisibles en el mismo suelo que no hizo más que no dejar traspasar la felina a pesar de que el ser enloquecido, en el que se había convertido Joaquín, parecía querer hacer pasar a golpes a la rota criatura a través del piso y enterrarla junto a sus negros ruidos.
Pero esta no daba más allá del granito, así que Joaquín arrodillado descargó sus rugosos puños contra el animal, golpes certeros a lo que era su cabeza, su abdomen y sus patas, una y otra vez. Levanto al estropajo de carne por la cola manteniéndola en vilo mientras decidía estrellarla de lado a lado oscilando como un ser desalmado, sonriendo autista, envenenado de furia, de placer cruel, de hambre de tranquilidad, pagando con el jugo de la vida de Nina su propia satisfacción. Por ultimo, Joaquín tomo por ambas patas traseras la carne del animal que goteaba miel carmín y fresca sobre el piso, al tanto que con fuerza veloz y descomunal separó derecha e izquierda del animal al distanciar los brazos, quedándose cada mano con una porción del animal. Basto hacer esto para caer de bruces contra el piso, acostado sobre el charco de lo que era Nina. Y Joaquín, nada más así, se percató de que los ronroneos sólo provenían del interior de él.


¿Ves?


Eres la aurora divina que baila en mis ojos
Te dilatas al compás de mi risa furiosa
Te haces enorme como montaña hermosa
Llenándome de fantasías, de incalculable gozo

¿Ves cómo tu presencia me da vida?
¿Cómo me alimentan tus caderas, tus senos,
Tus manos, tu boca, mortal veneno?
Son surcos suaves y tibios que me abrigan.

¿Notas cómo lucha la brisa para arrancarte de mí,
Cómo nunca triunfa porque de mí no te aleja?
Te acerca aún más, tierna azucena
Quédate junto a mí, déjame hacerte feliz


jueves, 29 de septiembre de 2011

Leyes de Yeiko

  • 1ra Ley de Yeiko: la cantidad de tiempo que tengas sin ver a tu exnovia será directamente proporcional a lo buena que esta se pondrá
  • 2da Ley de Yeiko: La intensidad de la impaciencia con que se lleva una mujer a la cama sera inversamente proporcional al tiempo que el momento durará
  • 3ra Ley de Yeiko: El valor del hambre que se sienta será una igual a una tercera parte de la desesperación elevado al tiempo sin comer h=(D"exp"T)/3
  • 4ra Ley de Yeiko: Del producto entre los factores Inexperiencia y Desesperación resultará un valor igual a Fracaso
  • 5ta Ley de Yeiko: La potencia de la cola del autobús sera igual al cansancio multiplicado por lo tarde que es
  • 6ta Ley de Yeiko: La magnitud del palo de agua estará sólo determinada por lo pequeño que sea el sitio donde te resguardes
Sea así que el valor del diámetro del paraguas será menor en cuanto mayor sea el agua que salpique
  • 7ma Ley de Yeiko: Dos cuerpos en movimiento sobre una cama continuarán en constante movimiento hasta tanto una fuerza mayor no interrumpa sus energías cinéticas
  • 8va Ley de Yeiko: En un triángulo ABC, donde A es la esposa y B es el marido, C siempre será el cateto más delgado, joven y atractivo
  • 9na Ley de Yeiko:La cantidad de bostezos en una reunión sera inversamente proporcional a lo interesante que esta será
  • 10ma Ley de Yeiko: La velocidad con que bebes tu cerveza será siempre menor a la velocidad con que ésta se calienta
  • 11va Ley de Yeiko: Cuánto más altas estén tus ilusiones, más aceleradas serán su caída al suelo
Corolario 1: La sublimidad de tus ilusiones será equiparable a lo bochornoso del fracaso
  • 12va Ley de Yeiko: La intensidad de la prisa estara en la misma proporción de la cantidad de semáforos con la luz roja en el camino
  • 13va Ley de Yeiko: La cantidad de cupos para mensajes de texto sera inversamente proporcional a la cantidad de personas que te escriban
  • 14va Ley de Yeiko:El tamaño de la comida siempre será un 20% menor de como aparece en la fotografía
  • Teorema de French Fried: Sólo la caja de papas grande sera mas grande que la regular, mas la cantidad de papas será la misma
  • 15va Ley de Yeiko: No importa en qué momento se lo digas a ésa chica, será demasiado tarde o demasiado pronto
  • 16va Ley de Yeiko, con aplicación del Principio de Made Requena: "La grandeza de Dios es 100% proporcional a nuestra felicidad cuando cometemos el mejor de los pecados
  • 17va Ley de Yeiko: La extensión del lapso de cortejo incrementa la posibilidad una de negativa y la tendencia a verte como solo una amistad
  • 18va Ley de Yeiko: La despedida se extenderá en función de cuántos intentos de un último beso existan
  • 19va Ley de Yeiko, con aplicación de la Teoría de Hamna Arellano: "el tiempo q tardes escogiendo el regalo para tu mama en su dia sera inversamente proporcional a lo mucho que a ella le va a gustar
  • 20va Ley de Yeiko, con aplicación del Principio de Made Requena: La grandeza de Dios es 100% proporcional a nuestra felicidad cuando cometemos el mejor de los pecados



Yeiko                                                                                                    

domingo, 31 de julio de 2011

El tren

Un millar de ojos lo ven, al menos eso cree. Luce destruido y abatido ante la sorpresa mayúscula que supuso un engaño amoroso en sus propios ojos. Las manos se extienden más allá de las rodillas en cuclillas mientras la carne debajo de su ojo es humedecida por el paso aletargado de un rocío que desde su interior emana, en señal de profunda tristeza.
Él, ahora, es la muestra más fiel de este sentimiento, un sentir que trasciende la razón, y que ensombrece la memoria y enturbia los recuerdos. En su mente aflora las paredes del subterráneo moviéndose a su paso contemplativo y descuidado de algunas mañanas, nota la espalda de las gentes que junto a él buscan sus destinos en esta enorme ciudad de rumores sin sentido alguno. En su mente vira una esquina, ya allí, el tormento mayor que sus ojos le pudieron haber regalado jamás a su endeble existencia: una boca ajena devora como sí caramelo fueran los labios de su princesa de hace tres años, un asalto bucal que es acompañado por manos que a la par recorren la poca corporeidad que es posible tantear entre el tumulto agitado de personas. Él inmóvil, informe por dentro y mojado de ira hacia su propia ignorancia, maldice sin más no poder ese momento y todos lo que representaron en la vida junto aquélla mujer. Ahora su existencia no tiene mayor sentido que acabar, no sin antes hacer lo propio con la reputación instantánea de ella, al correr hasta hacerse lo suficientemente cerca para rasgarle parte de la ropa con la fuerza de un hombre herido por dentro. Parte de la blusa se desprendió de aquélla silueta femenina, y una mano fugaz, más certera que débil, fue a parar en su mejilla como respuesta ante tanta bajeza –no parecen cosas tuyas - dijo ella, - y lo que yo vi sí parece ser tu costumbre, y no lo sabía -.
Él huye, se aferra a los efectos de la aversión con más fiereza que nunca, y se detiene hasta el mural que intenta alejarse del abismo que muerde el andén, que el chico ve cada vez más cerca conforme lo pasos le va mostrando esas entrañas bañadas de rieles y el ruido de pequeños panales de abejas invisibles. A los lejos las luces del subterráneo amenaza con llegar tan pronto como el deje de verlo, de mirar a la gente que lo ve con cierta preocupación. Se arrodilla justo detrás del barranco sintético y dobla su abdomen que aún se mueve como si quisiera vivir, todo esto antes de que la gota última de lágrima chocara contra el suelo del precipicio, y de que dejara al veloz verdugo de lata el honor de ejecutarlo.


Yeiko                                                                                                            

jueves, 7 de julio de 2011

fototortícolis


La ciencia médica, en su afán de investigar, en pro de la salud colectiva, todo acerca de las enfermedades y los males que aquejan a la población, ha hecho pública la aparición de una de las afecciones cuyo rango de acción implica en un 97% la población femenina. De acá que la medicina se halla propuesto indagar sobre este padecimiento, y los resultados no son del todo alentadores. Sin más que agregar, he acá mi resumen sobre esta extraña manifestación de los malestares humanos.
La fototortícolis.
(Del venezolano Foto: acción de tomar fotografías y Tortícolis: Cuello dobla’o y tieso)
Gracias al método científico, esta afección fue separada de la Tortícolis convencional, de aquélla actitud inmóvil de inclinación del cuello y la cabeza por causa de una contractura muscular, y el basamento teórico de esta separación está ligado a las causas que la origina. La Tortícolis, es producto de acciones que van desde malas posturas, esfuerzos, movimientos bruscos, frío, infecciones virales, artrosis cervical, quemaduras cutáneas, infecciones locales (faríngeas, óticas), adenopatías cervicales o enfermedades oculares o neurológicas. En tanto que la Fototortícolis, que ataca a mujeres generalmente, se manifiesta de forma voluntaria e involuntaria como una reacción al notar frente a los globos oculares de la paciente una cámara fotográfica. En el Centro Nacional de Investigaciones Torticolianas de la Universidad Semi Pública de Turkmenistán y Uzbekistán de siglas CNITUSPKYU, se han realizado una serie de experimentos con centenares de damas de distintas edades, razas y sabores, y los resultados fueron asombrosos: solamente un 3% de la población femenina no presentó el vicio postural en cuestión, mientras que el resto adoptó la malsana posición.
Asimismo, se ha descubierto que posiblemente la Fototortícolis tenga sus inicios en la antigüedad, y lo mismo está sustentado en las obras de artes que podemos ver en libros y enciclopedias, cuando el mal era denominado con apelativos que al castellano se entenderían como Escultortícolis y Pintortícolis. He acá unas imágenes que sustentan la teoría.
(imágenes)
En la actualidad, el mal se ha manifestado con más frecuencia gracias a la tecnología de la fotografía digital y la difusión de los biznietos del daguerrotipo a través de sistemas de almacenaje como el llamado Pendrive (del venezolano pendrai), el CD (del venezolano sidí) y de comunicación como la Internet (del venezolano Interné). A las pruebas me remito, véase las imágenes a continuación:




Hola


















Un beso de almíbar, un fragmento de cántico celestial y una mariposa de luz; para él eso era ella. Su andar fantasmal y dulce, jamás macabro, presumía de un aire de suficiencia fantasiosa, él veía en ella toda la pureza, toda la luz, Lo inmaculado y lo divino. Era ella un montón de gracia reunida en algo difícil de asimilar como solo una mujer terrenal; bajo una película de hermosa carne en tono mate, al que algunos conocen como piel; era difícil aceptar que se escondía otra cosa que una hermosa diosa atrapada en la humanidad de una quinceañera.
Pudo él imaginarse surcando los cielos sobre claros nubarrones de algodón de azúcar, verla flotando, entre volando y danzando, sobre la superficie de las charcas más cristalinas. Nada había nada más cerca de la perfección que aquélla mejilla femenina tan cerca de su nariz masculina; nada más sublime que la ayuda generosa de la brisa empujando sus cabellos a la cara del joven hombre enamorado, y una vez que las pieles se tocaban apenas rozando con los transparentes vellos en su rostro angelical, un alud hermoso de aromas emanaba de sus poros femeninos desencadenando un torbellino hormonal dentro de la frágil conciencia del varón cautivado; poco antes de que, al mismo tiempo que dicho encuentro cutáneo y privado (a pesar de las decenas de almas que pudieran estar alrededor en ese momento), él se armaba de valor y pronunciar con el mayor de los esfuerzos, como todo un caballero embistiendo el pecho de los dragones que conformaban su cobardía con una súbita lanza de palabras: “estoy bien, gracias, ¿y tú?”
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Un beso agridulce, un estallido de hormonas derrumbando su cuerpo desde la sangre hacia fuera. Unas manos que exploran las sombras calientes y acarician con rudeza las únicas partes invisibles dignas de besar, o lamer. Ella, la otra, era el veneno vital, un terremoto cárnico, un despliegue de olores y dolores sabrosos, de golpes exquisitos y de ocasiones furtivas de embestidas fálicas contra su pubis atrapado por cualquier muro callejero y nocturno. Ella era la locura, era un animal sensual, una lengua de cualidades lamparoscópicas que perforaba la boca hasta hacer su nido revolcándose en la garganta para depositar allí los más viscerales gemidos. Él era el esclavo de sus deseos hedonísticos, sólo era una figura varonil que calentándose bajo la falda de ella, a la que desplegaba como el telón de las mejores obras teatrales eróticas, hacía las veces de un semental de ocasión. Sus dedos femeniles no dudaban en desprender la hebilla tambalenate de aquél niño grande y sus vibraciones nerviosas, cavaba entre las telas, hundía sus uñas hasta la base misma del báculo y lo oprimía con inexistentes contemplaciones. Él nada más era una marioneta que obedecía a los hilos invisibles de las ferormonas, él era la mesa de su comida y el bufet eran sus hombros quienes llevaban las feroz parte de sus ataques dentales. Su espalda masculina era un mapa donde se trazaban en cada encuentro nuevos caminos, marcando las rutas pasadas por donde anduvieron los orgasmos femeniles. Sólo al sentirse utilizado, alejándose toda vez de una mujer complacida y exhausta, escuchaba de ella, entre respiraciones orates que buscaban la normalidad entre el espacio de cada palabra: “¿cómo estás?”

Los alacranes




















Entre nubes nocturnas y postes que pasaban volando, Pablito despierta para ver cómo corren estos a través de la ventanilla del automóvil. El olor a cuero nocturno y el sollozo preocupado de su madre lo deja todo claro. Sabe muy bien lo que ocurre. Los postes se hacen cada vez más lentos, y son borrados del cielo por las luces del hospital. Le piden que se levante. Anda. Tiene un abrigo más colorido que alegre. Las sillas plásticas son duras. Y el sueño vuelve. “Pablito, despierta, debes ir con tu tía. Ella te cuidará en casa”. Duerme nuevamente. El frío se muere de repente al salir del hospital. “Tú papá está bien, Pablito, no te preocupes… Es sólo una fiebre”. Pablito no terminó de escuchar, se había quedado dormido porque otra vez los postes pasaban rápidamente y el asiento del automóvil resultaba ser una buena cama en las madrugadas cuando su papá iba al hospital.
Cuando despertó era de día. La cama ajena era conocida, la de su prima; seguramente fue a dormir con su tía. Más allá de las cortinas que improvisaban las puertas del lugar, se oía una cacerola atajada por el suelo al suelo, el rumor de la televisión encendida y de los tintineos frecuentes del metal de las cucharas chocando con los tazones de vidrio. “están desayunando” pensó. Pablito aún tenía sueño, así que cerró los ojos, adoptó una posición aún más fetal, se camufló entre las sábanas y metió su mano debajo de la almohada. Hasta que, la sensación de algo que se movía, cuyas patas duras y ásperas como ramillas de rosal, su cuerpo largo, acorazado y segmentado, además de una cola puntiaguda; le hizo retirar la mano al acto. Se levantó de golpe y un alarido de fatal sorpresa escapó de su boca recién despierta para decir a los cuatro vientos “un alacrán tía, un alacrán”. El animal trepó sobre la almohada y amenazaba con su ponzoña a pesar de la distancia. Aún lejos, Pablito se sintió inseguro, como sí en su cabeza estuvieran miles de ellos. Decidió escapar descalzo, pero otro alacrán bajaba a tientas sobre la cortina que separaba la habitación del resto de la casa. “tía, otro alacrán”, era lo único que Pablito podía decir. Dio la vuelta y tres alacranes más estaban sobre su cama. Se armó de valentía y de una toalla que encontró a ras de suelo antes de que otro alacrán se acercara a él. Como pudo, logró apartar al alacrán de la cortina y a las otras decenas que llegaban desde los huecos en las paredes. Corrió por el pasillo sin abandonar los gritos, al contrario, todos sus alaridos se dispararon al unísono cuando, en el suelo de la cocina, un hervidero de alacranes se hacía de los cuerpos de su tía y sus primos en el suelo, y también de la comida sobre los tazones de vidrio.
Toalla en mano, sólo una idea se le venía a la mente. Sobre la cocina, una hornilla aún trabajaba para una olla que nunca logró ser colocada. Se acercó cuanto pudo, y sorteando los alacranes distraídos con los cadáveres, sostuvo un extremo de la toalla quemando la punta contraria, la cual se hizo de la lumbre inmediatamente, como una antorcha flácida. Así que, cuando la flama crecía devorando toda la tela, la arrojó sobre el mantel de la mesa, que compartió el fuego junto a la toalla quemando así los alacranes sobre esa tabla y la comida. Las llamas se abrieron en un círculo amarillo y azul de estelas negras y humeantes, alcanzó el borde de la mesa hasta que lograron llegar al suelo a través de un trozo incandescente que comenzaba a incinerar el resto del lugar. Pablito quedó boquiabierto, contemplando cómo los alacranes no oponían mayor resistencia al fuego. Permanecían en una danza temblorosa y de tenazas abiertas, como clamando ayuda. Todo esto antes de que una punzada intensa, fría y penetrante en su brazo izquierdo, le hiciera perder la calma. Dio un último alarido, y un dolor de cabeza lo derrumbó al suelo en llamas, hasta sentir, mientras dormía, cómo se quemaba.
Pero al abrir los ojos nuevamente, tres rostros se atravesaron en su vista como unas siluetas borrosas todavía. “ya cede la fiebre”, oyó una voz femenina más allá de su alcance; “¿mejorará doctora?”, es la voz inconfundible de su padre; “por su puesto. ¿Han visto alacranes en su casa?”, otra vez la voz de aquélla mujer desconocida; “sí doctora. Hace poco maté uno”, esa la voz de su madre; “eso explica la infección. Se produce en los niños mayormente por contacto de los alimentos con heces de alimañas como el alacrán. Pero se pondrá bien con el antibiótico que le apliqué”

Los perros



La pequeña con los ojos abiertos a más no dar, le pregunta a su padre, el carnicero del barrio -¿Papá, por qué están pegados esos perros?- Era evidente que en la mente de la inocente pequeña la imagen de esas bestias en celo no dejaba de ser para nada curiosa. Recordó que en la misma calle donde estaba la carnicería de su papá, había visto otros perros asumiendo el mismo comportamiento. Aquélla ocasión, la niña estaba aburrida entre la monotonía que representaba ver cómo su padre con senda hachuela separaba los tajos de carne roja, los apartaba y repetía el procedimiento hasta que un gran trozo de roja musculatura de ganado quedaba resumido en unos cuantos pedazos, que se dejaban a la vista de la gente en bandejas de metal a merced de un ruidoso ventilador que mareaba las moscas en el aire sin que estas lograran aterrizar sobre el preciado alimento, bien por la pequeña ventisca que propinaba o por el estruendo de su motor moribundo. -¿Papá, puedo salir a jugar afuera?-, -Vaya mija, pero mucho cuidado, no salga de esta misma calle- aseveró el padre mientras realizaba continuos cortes para ganarse el pan de cada día. Afuera la niña vio a los perros unidos y exponiendo sus temblorosas lenguas, escuchó como alguien comentó –Otra vez estos perros se pegaron- , y presenció a la gente de las casas deshaciéndose de todas las cosas arrojables para intentar apartar a los pobres perros. Los animales sólo con el agua que les aventaron desde una platabanda lograron alejarse lo suficiente para que dicha manifestación del acto sexual perruno no importunara el sosiego colectivo.
El papá al escuchar aquélla pregunta, tragó saliva, le sudaron un poco las manos, y varias veces su boca intentó moverse para ser útil hablando, pero fue en vano, no supo qué decir.
 – Voy al baño, dile a quién entre que se espere un momentico, que es cosa de cinco minutos - , la niña atenta asiente, y el padre entra hasta las últimas sombras de una puerta interior mientras que al negocio hace su entrada, como si estuviera trotando, una perra marrón y pequeña. La chiquilla se agacha y, cuando se disponía sacar al animal por las buenas, otro perro, uno más grande y rápido se abalanza sobre la hembra, y entre el asombro desesperado e ignorante de la niña al escuchar cómo ésta pobrecita chillaba, se apartó y en menos de lo que hubiera recordado vio de cerca el acto que tanta curiosidad le daba: los perros se había pegado. Corrió detrás de enorme mesón donde su papá trabajaba para hacerse con la única arma que conocía entonces. El padre escuchó un chillido espantoso y desgarrador, apuró el paso, temía que su hija estuviera en peligro; pero cuando cruzó el umbral, vio hacia la entrada del establecimiento. Miró a su hija intacta pero con las mejillas mojadas, sus ojos temblorosos y las manchas de sangre en el suelo. Entonces comprendió que debió explicarle aquélla vez a su hija por qué los perros del otro día estaban pegados.

Maldito colector

Maldito colector que grita en tu oído antes de intentar al menos acercarte al autobús para montarte en él. Y sale de su hocico una frase mal pronunciada pero inteligible, casi su voz escapa de sí para tratar colarse dentro de ti, como para hacerte comprender algo que tú sabes no tiene sentido, como para que sientas su desesperación y su hambruna mental, para que te percates de su sed de cerveza dominguera, para que entiendas que debe pasarle a una chamita que hizo mujer y a sus tres hijos (evidentemente no deseados) el dinero que hace cada diez vueltas, para que te des cuenta que le falta el último CD de Diómedes Díaz o Don Omal en su rockola andante con asientos de semicuero viejo y sucio, y que necesita comprarlo para nos ser víctima de la burla por su atraso con respecto a la moda que dentro de su reducido círculo social se establece. Él quiere intentar cubrir un puesto laboral inventado y que a la larga es realmente inútil, al menos que su función real sea la de comprar el aceite de caja o descambiar los billetes en las estaciones de servicio. Este colector te canta apenas entras a la unidad su frase premiada y la que es casi eslogan insigne de su profesión interdiaria, te la dice en el oído, casi escupiéndote la oreja para que te quede claro que debes contribuir para que se fume un cigarro después de cada viaje, para comprar un pañuelo de güini pú para proteger la solapa de su camisa del sudor y de la caspa, para tener bastante billetes de a mil bolívares con los que impresiona a las colegialas de camisa azul y beige a quienes les enseña el fino arte del beso irresponsable e impensado y la ciencia de las tocadas pornos debajo de la falda plisada azul marino. Ellos pronuncian al oído aquellas palabras aterradoras para el reducido bolsillo de los niños escolares y tan arrechante (porque no se me ocurre otro término más propicio) para el estudiante universitario. Él te lo dice antes de subir para sentirse más importante que tú, porque sabe que no estará en peligro intelectual por no lograr llegar a contar una cantidad mayor a cinco estudiantes (que son los que pueden abordar el colectivo). No lo hacen por mantener sus propias vidas, ya que no tienen una como tal, porque ganar el lunes lo que te bebes el martes no es vivir después de todo, sino para sentirse unes semi dioses colgados como homínidos inferiores en sus lianas metálicas aullando los destinos que ya la gente conoce. Él los elige: “tú pagas completo, tú pagas estudiante”, él decide el tiempo de expiración de nuestros documentos personales:” ese calné está vencío”, y como buen cobarde nunca ofrece una respuesta con suficiencia y autonomía: “son cinco estudiantes porque esas son las nolmas” y evade sus responsabilidades de responder a tus inquietudes sobre el derecho que por ley mereces “sí quieres vas pa’la línia a preguntal”. En fin, maldito colector el que te dice “estudiante completo”

sábado, 21 de mayo de 2011

Medio segundo

Sobre las plataformas plateadas treparon los nadadores cuando desde
los altavoces se dio la voz de "a sus puestos". A Rafael un alud de
pensamientos le invadió, recordaba cada brazada compactada en medio
segundo; así como las palabras de su entrenador, el sabor a cloro del
agua, el fondo resbaladizo de la piscina y la textura cuadriculada de
sus paredes interiores. doblegó su rodilla derecha para impulsarse con
esa misma pierna hacia la cima del altiplano artificial, y estando
allí se maravilló, como lo hiciera aquélla primera vez cuando niño,
como si acabara de descubrir un océano transparente y de olas tan
suaves, que a veces lograban reflejar con asombrosa proporción los
árboles más allá de la orilla opuesta. De aquél lado era otro mundo,
al cual había que llegar cuanto antes para hacerse salvo de las
letales agujas del reloj, y lograr frenar cuanto antes los afilados
segundos que desmembraban las esperanzas mientras más se sumaran al
record personal. Pensando en eso, se colocó con calma su gorro de goma
elástica, y le quitó los lentes azules a su frente para que sus ojos,
lazarillos magníficos, se protegieran mientras le conducían a través
del riel oscuro que arrancaba en el fondo y terminaba un poco más acá
de la meta. Entonces, aún de pie, se inclinó hacia delante, lo
suficiente para asir con sus dedos el borde del taco de salida.
Flexionó sus rodillas y prensó cada músculo de cuerpo tan fuerte y
presto como lo pudiera hacer el motor de un carro encendido, listo
para emprender la huida.
Sin perder la posición de arrancada, acercó su mano derecha a la
muñeca contraria, colocando sus dedos tan cerca del botón de su reloj
con cronómetro que las calmadas pulsaciones producía presión a
intervalos con su dedo índice sobre el plástico de su medidor del
tiempo. Oteó por última vez el trozo del reino que Neptuno regaló a
los hombres. Pulsó con fuerza el botón de su reloj de pulsera y sintió
cada parte de su cuerpo moverse. Imaginó viéndose desde fuera de él.
Su alma, de cierta forma, escapó de su cuerpo para observarlo desde su
exterior, y percibir, en menos de medio segundo, de qué manera la
corporeidad de Rafael se extendía, cómo mutaba en tan brevísimo
tiempo. De pronto era un águila en picada lista para destrozar su
presa con sus garras y su vuelo asesino, después se transformó en una
saeta cuyo arquero lanzó gracias a la tensión máxima lograda por la
elongación de la cuerda de su arco. Así pasó de entrar al agua tal
proyectil y continuar como un tritón de los mejores ejércitos del dios
de los mares.
En aquel momento, Rafael miró a los lados y, aunque estaba sumergido
en la noche profunda y en la más pura soledad, recordó tan vivamente
la prueba perdida hacía horas, que podía sentir el agua salpicada por
sus contendores a cada lado de él atrapados por la velocidad y sus
carriles: Podía jurar que lograba ser tocado por el menudo oleaje que
producía el paso de sus compañeros de competencia, escuchaba en
bramido de la multitud cuando sus oídos estaban por debajo del agua,
podía sentir la luz moribunda del sol abrasándole la espalda,
apreciaba la brisa vespertina que le contrariaba cada brazada. No pudo
menos que llorar mientras nadaba. Nadie lo sabría, estaba sólo,
destrozado, alicaído. No escuchar su nombre ni el de su país al
momento de las premiaciones lo hizo ahogarse entre sus penas, que eran
más caudalosas que el contenido de mil piscinas como la de esta noche.
Poco le importaba el trozo de metal ése, con su opulenta cinta y su
fulgor hipnotizante ennobleciendo los cuellos victoriosos. Le dolía
que su esfuerzo no fuera reconocido, que sus sudores aplacados por el
cloro y por el agua tratada no sirvieran de nada en aquélla
oportunidad. Por ello, es que esta noche Rafael no hace otra cosa que
nadar, que seguir buscando la manera de asesinar aquél maldito medio
segundo; una fracción tan insignificante en la historia entera de la
creación que el hombre moderno es incapaz de emular a la perfección,
entre el sonido de dos palmadas, tan brevísimo instante. Meses, años,
siglos: eso no significaba un carajo para él; ningún tiempo le era tan
odiado como ese bizarro medio segundo que invirtió en nadar en lugar
de hacerlo celebrando. Medio segundo es el tiempo suficiente para
esbozar la más sublime de las sonrisas, pero él lo perdió sacrificando
su fuerza vital para alcanzar la meta.
Pero entre lágrimas, patadas y respiraciones, el cuerpo de Rafael
responde ante la aversión al que es sometido. Su masa carnal se siente
dolida y ofendida. Su cuerpo sabe que no es causante por entero de su
turbio éxito, y decide tomar venganza ante tales insultos. De tal
forma que al cuerpo poco le importó las consecuencias que pudieran
tener sus actos sobre la vida misma, y comenzó acalambrando ambas
piernas.
Rafael se detiene abruptamente, lanza un sordo grito al aire nocturno,
y le muestra los dientes apretados a la soledad para demostrar su
dolor. Cierra los ojos e intenta, en la desesperación del acto de
flotar junto al de intervenir en aplacar la incomodísima sensación en
sus piernas entumecidas, evitar hundirse. Pero es inútil. En medio de
la piscina un hombre lesionado y sólo, es un hombre en grave peligro.
Intenta dar brazadas a media máquina mientras que una mano masajea
inútilmente pierna por pierna. Tal acción sólo conduce al inevitable
hundimiento. Es lento, pero el agua hace estragos y sus vías
respiratorias inhalan aire y líquidos en abundancia. Cada intento de
salir a flote implica irse abajo seguidamente y cada vez a mayor
profundidad. El interior de la piscina vista desde los ojos de Rafael
en ese desesperado instante, es el fondo de un acuático abismo: el
horizonte se confunde con el nivel del agua, y sus ojos deben buscar
el borde más cercano a él. La ausencia de las carrileras, quitadas
justo después de la competencia, agrava más la situación. Cada intento
de pedalear en el agua no tiene sentido, se crispan las piernas como
sí dentro de ellas las fibras de los músculos estuvieran siendo
estiradas hasta el desprendimiento. Su boca es inservible para
respirar, ni mucho menos para intentar pedir socorro a gritos. Está
desorientado y cansado de remar sin llegar a ningún lado. Su norte
desaparece a cada hundida, y su ceno nasal arde de tanta agua clorada.
Su pecho le duele por no inflarse más. Su garganta intentar tragar
cada partícula del aire atrapado en su boca. Sus ojos ya no juzgan
distancias más allá que las burbujas y el agua chapoteada. Un
gigantesco dolor le tranca la garganta mientras que un sueño incómodo
le invade… de pronto, el borde de la piscina se acerca a él. Rafael se
hunde y lo mira nuevamente, estira su brazo, ve su propia mano, se va
abajo. Como reflejo voluntario decide esperar tocar el fondo para
impulsarse. Ya allí espera un poco más para intentar subir más rápido,
pero el camino arriba se hace lento e insoportable. El corazón late
más fuerte y descontrolado que nunca. Estira nuevamente su brazo tanto
como su hombro lo permite. Los dedos de su mano apenas rozan en un
instante el borde de la piscina; el mismo que pudo haber alcanzado
medio segundo antes de hundirse finalmente.

sábado, 26 de febrero de 2011

50 regalos que San Nicolás no te traerá esta navidad

  1. Piñata con forma de maletín para niños empresarios venezolanos y argentinos
  2. Billeteras con efecto sonoro de desgarradores gritos de dolor para expresar la sensación de sacar dinero para pagar
  3. Un microscopio con audífonos para escuchar las conversaciones de las amebas
  4. Teleférico inalámbrico para aventureros extremos
  5. Postes del cableado eléctrico inclinados para toda la ciudad de Pisa en Italia
  6. Servilletero con servilletas antiadherentes que sólo saca una, y solo una, servilleta a la vez.
  7. Discman sin tapa para DJ's que practican en la calle.
  8. Llaves gigantes para que no se pierdan.
  9. Toboganes gigantes en las barriadas caraqueñas como alternativa de transporte urbano ecológico para que la gente llegue temprano al trabajo.
  10. La china o resortera gigante para devolver la gente a las barridas caraqueñas
  11. Cooperativa de Ferris sobre el Guaire
  12. Cerveza polvo, en prácticos sobres en dos presentaciones: Tipo Pilsen y Ligera.
  13. Cachapesa, una exquisita combinación dos cachapas rellenas con el típico contenido de una hamburguesa; y la Hamburchapa como un delicioso plato que combina dos panes de hamburguesa relleno con sólo jamón y queso de mano.
  14. Empanadas de queso con el relleno por fuera.
  15. Arepa de dos pisos.
  16. Carretilla con cabina con aire acondicionado para repartidores acalorados.
  17. Navajas Suizas con línea telefónica, como los primeros celulares realmente útiles.
  18. El Dobladorón, un aparato exótico ingeniado para instalarlo al final de las calles y doblar más las esquinas.
  19. Torneos afederados de Esgrima con chuzos en los internados judiciales.
  20. Jardines Botánicos con sensuales guías en traje de baño para hacerlos realmente divertidos.
  21. El Prosti-Ticket, un bono mensual que se le dará al obrero de hoy para que lo intercambie por los servicios que su meretriz de confianza le pueda ofrecer.
  22. El Miraquesiduele 3000, un ingenioso artificio que se inserta en la cavidad bucal del dentista que nos trata, para que corrobore en carne propia las incomodidades del tratamiento invasivo.
  23. "Control re-remoto", un artilugio desarrollado por una prestigiosa empresa japonesa que consiste en un control remoto que activa un mecanismo de alarma sónica y vibrátil en el otro control remoto que se nos perdió.
  24. El "Penthouse", un plato similar al "Clubhouse" que nos sirven en las loncherías, que en lugar de pan lleva catalina, y lleva morcilla en vez del relleno.
  25. Un calendario para mascotas, donde estén las gaticas, las loras, las perritas, las chivas, las gallinas, las iguanas, las escorpionas, las chigüiras, las periquitas, las rabipeladas y las hamsters más sensuales del año. Sin ropa, claro.
  26. Celular que funcione a cuerda.
  27. Cursos y talleres de supervivencia al aire libre y en ambientes hostiles, dictados por Invasores de terrenos privados y municipales.
  28. Cierre o cremallera vegetariana, para que no se coma la carne del %&"$* después que orinamos.
  29. Primer Antidiarreico Lumínico, para los conductores que se comen la luz.
  30. Monedas cuadradas para que no salgan rodando hasta las alcantarillas, ideal para la gente que contaba con ése dinerito.
  31. Zapatos imantados para conseguirse más monedas en la calle.
  32. Primer Bar para abstemios, ideal para evangélicos despechados.
  33. Rockolas con Pendrives, para tocar boleros en las taguaras en mp3.
  34. Lecciones de chino para niños desobedientes. Por si acaso no entienden.
  35. Portarretratos con olores, para recordar las fragancias de aquellas personas íntimas.
  36. Chinchorro litera. Ideal para provincianos que le agrada lo tradicional en espacios reducidos.
  37. Caja registradora que venga programada para machucarle bien duro los dedos al comerciante si este nos saca mal la cuenta. Sí es a su favor, claro.
  38. Primer Laxante Vectorial para los conductores que viven comiéndose las flecha.
  39. Torres Gemelas Óctuples, para ver si los terroristas son capaces de secuestrar ocho aviones a la vez.
  40. Misión Espacial Arepa 2021, un programa científico destinado a llevar una astronave a la luna con puros invasores venezolanos para comprobar la tesis de que pueden hacer casas en cualquier terreno.
  41. Maratón de béisbol, los 7 juegos de la serie final de una sola vez, en unos muy apasionantes 63 innings seguidos.
  42. El anhelado celular rasuradora Sony Gillete K200i.
  43. Piropómetro, un aparato que estima la vulgaridad, la originalidad, la pasión o picardía de los piropos antes y al momento de decirlos.
  44. Puentes peatonales para que los peatones sí podamos pasar por la zona del rayado a pesar de que los carros frenen justo sobre éste obstaculizando el paso.
  45. Andatepalcajaronina, el nuevo y más efectivo antídoto en caso de mordeduras de las cuaimas.
  46. Cartón de huevos, pero de avestruz.
  47. Extreme Aventure Tours, agencia innovadora que presta servicio a turistas extranjeros realmente aventureros. Con su promoción de fin de año "Una aventura como para morirse" presentan tres paquetes turísticos: Chapellín - las Lomas - Sarría - Lídice; El Valle - Cementerio – Petare – Manicomio; y Petare – Los Magallanes de Catia – Casalta III – San Agustín de Sur. Todos con tres días y cuatro noches, no incluye impuestos y peajes especiales comunitarios; y 30% de descuento en Metrocable.
  48. Polo acuático fluvial para divertirnos viendo a los jugadores nadar por la pelota río abajo a riesgo de que los caimanes se la coman.
  49. Mc Pinchos, la alternativa criolla en comida rápida en los estadios. Llega al mercado con dos promociones punzantes: Mc Pincho de Luxe, que viene con Bollito de Harina Pan integral, Lomito de ganado Japonés, Chorizo Español y queso de cabra alpina; y el Mc Pincho Feliz para el chamo. Este último trae bollito dulce, pollo deshuesado, morcillita de ajo y queso de mano. Ambos con sus yucas y la respectiva fría tamaño regular.
  50. Cédulas y partidas de nacimiento para mascotas.