miércoles, 2 de mayo de 2012

La boca del estómago

Danilo debía darle alimento a diario; era su alimaña secreta. Debajo de su pecho se alojaba esa maldad traducida en un rostro abdominal, que le pedía, rogaba casi, ser surtido de comida, bajo la latente amenaza de gritar y causar un escándalo entre las personas cercanas. Bastaba con que Danilo se atreviera bajar el brazo hasta cerca del ombligo para ser mordido con las más traviesas de las furias. Debía entonces correr hasta la soledad, levantar su franela, y alimentar esa parte siniestra de él.
Cierta vez su monstruo personal fue castigado, desde esa ocasión aprendió a ser menos agresivo con sus peticiones. Surgió un pleito callejero, y alguien, por fortuna, le dio un golpe en la boca del estómago. Danilo en el suelo, adolorido y feliz, volteó a mirar a su oponente, y éste más extrañado que iracundo le escuchó decir "gracias".